Con bombo y platillo se anunció el desciframiento de
un supuesto genoma mexicano, manejando la información de una manera tan tramposa que invita a creer que el mexicano es genéticamente
distinto a los otros seres humanos. Ahora podemos corroborar “científicamente” lo que se ha dicho por décadas:
como México no hay dos. Pero antes de entregarnos a un fervoroso patriotismo genético hay que hacer acotaciones y aclaraciones.
Nos dicen que gracias al estudio que llevó 4 años y
más de 20 millones de dólares podemos ahora saber que el mexicano es una mezcla de muchos grupos étnicos, algo que cualquier
historiador o antropólogo les pudo haber dicho por la milésima parte del presupuesto. El mexicano, se nos dice ahora, tiene
mezcla de diversos grupos europeos, indígenas americanos, pueblos africanos y asiáticos.
Bueno, tal vez este gran descubrimiento científico
nos haga enterarnos por fin de que el mexicano no es, como ha pretendido la historia oficial posrevolucionaria, descendiente
de aztecas conquistados. Tal vez ahora podamos recordar que el mexicano es derivado de un proceso olvidado y borrado de nuestra
historia llamado virreinato, que es precisamente el lapso de 300 años donde se hizo esa mezcla hoy descubierta de europeo,
americano, africano y asiático.
Con más bombo y más platillo y con una dosis de patrioterismo
se nos dice que el genoma mexicano es único. Pero de pronto hay que recordar los datos que no nos dan. El ser humano y las
ratas comparten 96% de material genético, o sea que la diferencia entre roedor y hombre se encuentra en un 4% de diferencia,
aunque algunos políticos mexicanos se distancien menos. Con los simios compartimos el 98.5% de los genes, y lo más importante,
todos los seres humanos compartimos el 99.9% del material genético.
Así es que hay un 0.1% en el que los mexicanos podemos ser únicos y diferentes.
El informe dice que tenemos un componente genético distinto en un 65% de los demás, pero es un 65% dentro de ese limitadísimo
0.1% en el que somos diferentes. Una forma muy peculiar de ser únicos, aunque en ese sentido cada grupo nacional podría encontrar
una combinación distinta dentro de espacio de 0.1% y entonces veremos que todos somos únicos, claro somos únicos siendo exactamente
iguales.
Pero el patrioterismo genético llegó al absurdo
de decir que como el mexicano es distinto genéticamente, los medicamentos de Europa o Estados Unidos no nos funcionan igual.
Es decir, en México usamos la ciencia para destrozar la ciencia. Las medicinas trabajan dentro de ese 99.9% en donde somos
iguales; porque además, si las medicinas de Extranjia no nos sirven y como aquí
no investigamos, tendremos que volver a la herbolaria. Cito el informe que textualmente dice: “Lo anterior significa
que cuando un connacional enferma y como consecuencia padece dolor, su cura debería ser atendida, en la mayor parte de los
casos, por medicamentos elaborados de manera especial, y no por los importados, que fueron fabricados para atender los genomas
de otros pueblos”. Ahora hay que
volver al proteccionismo pero por razones genéticas.
Pero después de que nos hablan de un “genoma mexicano”, inmediatamente
resulta que en México todos tenemos un genomapa distinto, ya que, gran sorpresa, el sonorense no es igual que el chiapaneco.
¡Quién lo diría, y yo que poniendo juntos a un maya de Yucatán y a un regiomontano no logro distinguirlos! O sea que los mexicanos
somos iguales pero distintos…, o ¿será que somos distintos pero iguales?
Como si los genes distinguieran el río Suchiate y el río Bravo y entonces se modificaran.
Claro que el sonorense, como dice el estudio, tiene un gran componente europeo, y el guerrerense tiene mucho de africano que
el norteño no posee. Pero entonces sigo preguntando qué harán los genes fronterizos; un chiapaneco tiene más relación étnica
con un guatemalteco mientras que un regio estará más emparentado con el texano. Los genes no saben de discursos nacionalistas.
Entonces ¿el habitante del Soconusco tendrá que esperar el descubrimiento del gen guatemalteco, o el mexicano lo servirá igual?
Es decir, por un lado hay un genoma mexicano, pero por el otro se dice que, dentro
del mismo México tampoco somos iguales genéticamente. Luego, ¿hay o no un genoma mexicano? Porque hay que decir que esa mezcla
de 35 grupos étnicos que en teoría forman al mexicano, no es igual en todos los rincones del país y que no en cada uno de
los casi 110 millones de mexicanos están todos los grupos étnicos. Unos mexicanos son muy mestizos, otros muy indígenas y
otros muy criollos. Otros más son importados, pero mexicanos por nacer aquí. ¿Qué pasa con ellos, se transforma su genotipo
por arte de magia, o no son verdaderos mexicanos a pesar de vivir en México y tener su pasaporte mexicano?
En resumen: todos los seres humanos del mundo somos iguales, las razas son un discurso
ideológico propio del siglo XIX, que hoy sabemos que se limitan a rasgos físicos distintos derivados de las pequeñas diferencias
en ese 0.1% en el que podemos ser distintos. Por otro lado, todos los seres humanos, mexicanos incluidos, somos distintos
unos entre otros, ya que cada uno tiene su propia mezcla. Imposible que haya un genoma mexicano más allá de los discursos.
Qué absurdo sería pretender que la mexicaneidad puede estar en un gen. Y lo peor es que la genética es el pretexto moderno que sustituye al inconsciente. Hace décadas podíamos
culpar al inconsciente de todo, ahora cualquier cantidad de personas sacan de pronto comentarios como que nuestra situación
como país, en todos los sentidos, es cuestión genética. Podemos olvidarnos de la educación, los genes son culpables de todo.
A principios del siglo XX un racista mexicano muy famoso, José Vasconcelos, se
aventó la puntada de decir que somos la raza cósmica, una especie de raza suprema, no derivado de la pureza racial, como argumentaba
Hitler, sino precisamente por todo lo contrario, por la inmensa mezcla. Pero este racista, que por cierto fue, en efecto,
seguidor del nazismo, sólo cambiaba una raza suprema por otra; a él no le decimos racista porque dijo que la raza suprema
en cuestión éramos nosotros.
Bueno, ahora podemos respaldar “genéticamente” la patrioterada vasconcelista,
porque nuestro genoma es supuestamente único al ser una mezcla…, supongo que habrá que esperar a que colombianos, venezolanos,
peruanos o chilenos hagan su propio mapa y descubran lo mismo, que son únicos pues tienen mezcla de americano, europeo, africano
y asiático.
El siglo XIX, siglo del auge de la ciencia, trajo un repunte del racismo y particularmente
de su versión antisemita, ya que de pronto se pretendió usar la ciencia para justificar la discriminación racial y hasta se
uso a Darwin y su supervivencia del más apto para decir que si al ario eliminaba al judío era una cuestión dictada por la
naturaleza. Ese racismo de pretensiones científicas desplazó al milenario racismo de discursos mítico-religiosos y fue fatídico
para Europa y parte del mundo.
El nacionalismo es de por si, un discurso estúpido, racista e irracional, pero
disfrazarlo de ciencia es simplemente fuera de serie. Ojalá que no caigamos en ese error y ahora estemos orgullosos de nuestro
genoma que nos hace distintos al resto del mundo, aunque todos seamos iguales.